Opinión

El respeto a la diversidad sexual en las redes sociales

Por:  Diverso

La existencia de las redes sociales ha cambiado la dinámica de interacción interpersonal en los últimos años y, como todos los inventos, es un arma de doble filo.

En cuanto a lo positivo, por ejemplo, gracias a la tecnología es muy sencillo contactar con parientes lejanos así como conocer a personas que de otra forma serían inaccesibles para nosotrxs. Hemos tenido también el privilegio de conocer otras culturas y otras costumbres ayudándonos a ampliar nuestra perspectiva sobre muchos aspectos de nuestras vidas.

Sin embargo, también han aumentado las estafas y los engaños donde las personas mienten sobre su identidad para poder conseguir algo de su interlocutor: en el mejor de los casos, dinero; en el peor, tenemos a jóvenes secuestradxs… y, claro, tal vez no tan grave, pero también tenemos el caso del ciberbullying.

La ventaja del anonimato ha impulsado a las personas no solo a decir lo que piensan sino también a sacar sus rencores e inseguridades con personas que, en la gran mayoría de los casos, ni siquiera son parte de sus vidas.

En ocasiones nos parece muy sencillo decir a la persona que está siendo acosada, verbal o cibernéticamente, que no le dé importancia; pero se nos olvida que parte de la identidad propia se forma a partir de la valoración que otrxs tienen sobre nosotrxs.

Esto va más allá de tener autoestima o no; y con el uso de las redes sociales, cualquier acción u opinión expresada públicamente, de manera voluntaria o involuntaria (como cuando nos graban o exponen cosas sin nuestro consentimiento), pareciera que nos da un permiso para juzgar la situación.

Ahora todas las personas se sienten en posición de opinar sobre cualquier cosa, desde cómo la gente gasta su dinero o su tiempo hasta la crianza de hijos e incluso la ausencia de estos en un matrimonio.

¿Y qué relación tiene todo esto con lo LGBT+? Bueno, como es bien sabido, para las personas de la comunidad LGTTTIQAP+ los cuestionamientos van desde el más básico, como el por qué elegimos a una pareja no heteronormativa, hasta la forma en que deseamos expresar nuestra identidad. 

De hecho, muchas veces, desde el momento en que una persona es visibilizada como parte de la comunidad se le atribuyen características negativas o risibles, estilos de vida e incluso un manejo de sus propias emociones irracional; y algo que no se dice de estar de este lado del arcoíris, es lo que confuso que se vuelve el camino.

Es, como dice esa tan mencionada frase de: “Ser feliz o encajar en la sociedad”, una decisión que puede parecer obvia, pero que no se siente así cuando las personas te dan la espalda o te miran de formas que jamás creíste posible. Hablar de la preferencia parecería algo simple, pero implica abrir una puerta a nuestra intimidad que termina volviéndose un escenario para ser juzgadx.

Nos han hecho creer que ignorar nuestros sentimientos es una manera de superarlos, pero lo único que se logra de esta forma es crear una bomba de tiempo, donde cuando menos se espere puede estallar y no de la mejor manera.

Muchas personas de la comunidad se quitan la vida por la falta de redes de apoyo para sobrellevar sus elecciones. En la mayoría de los casos se pierde hasta parte del círculo familiar, ya que es este quien regularmente tiene más expectativas sobre cómo debemos llevar nuestras vidas. Sumado a ello, la idea persistente de que la elección no heterosexual es un pecado o una falta de la “naturaleza” nos persigue, como si estuviéramos malditos o enfermos y, aunque no se diga en voz alta, se siente de manera velada cuando nuestros familiares prefieren decir “su amigx ” que su pareja.

Además, algunas personas de la comunidad no cuentan con el menor apoyo para poder sobrellevar situaciones de odio o de rechazo. Parece tonto pensar que alguien se puede ofender de sobremanera si se le dice “maricón” o “tortillera”; pero olvidamos que tenemos un pasado que puede ser una carga o un soporte, el cual suele ser poco al no ser parte de la “normalidad”.

No se trata de recibir un trato especial, no se trata de tener “más” derechos. Se trata de respeto simplemente, se trata de no recibir insultos por algo como la sexualidad, y que, así como alguna vez se condenó de manera ilógica el ser zurdo, los medios de comunicación y la sociedad nos vean como seres humanos y no como lxs “raritxs”.

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